October 2026

Author Archives: Alejandro Mitarakis

  1. Una estrategia de futuro para el vino orgánico chileno: aprender de la experiencia y datos de UK

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    Recientemente, @Soil Association Certification presentó un plan para impulsar el desarrollo del sector orgánico, abordando dimensiones como políticas públicas, desarrollo de mercado, evidencia científica, comunicación al consumidor y fortalecimiento de la cadena de valor.

    Esta mirada reconoce que la transición hacia sistemas agrícolas más sostenibles no depende solo de productores comprometidos, sino de una articulación entre empresas, instituciones, consumidores, academia y gobiernos. Los hallazgos del Organic Market Report 2026, de Soil Association, refuerzan esta visión. El informe muestra que el mercado orgánico británico de alimentos y bebidas alcanzó £3.9 mil millones y completó catorce años consecutivos de crecimiento. También destaca que la categoría orgánica creció 4,2%, y que las ventas crecieron cuatro veces más que las no orgánicas en supermercados. Existe una brecha: mientras la demanda crece, solo el 3% de la superficie agrícola de UK es orgánica, lo que genera una alta dependencia de importaciones.

    La creciente demanda por productos orgánicos en mercados internacionales confirma que avanzar hacia modelos agrícolas más resilientes y coherentes con la naturaleza no solo es una necesidad ambiental, sino también una oportunidad para construir valor. El reporte también deja una lección importante para países productores. El crecimiento de la agricultura orgánica no puede depender únicamente del liderazgo de empresas pioneras. Se requiere una estrategia país que permita fortalecer la investigación, promover la conversión de productores, generar información, desarrollar capacidades técnicas, mejorar la comunicación hacia consumidores y posicionar a Chile como un referente global.

    Necesitamos acelerar esta conversación. La agricultura orgánica y regenerativa ofrece respuestas concretas frente al cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la degradación de los suelos y la creciente demanda por alimentos y bebidas producidos responsablemente. Este año celebramos 20 años de la promulgación de la Ley de Agricultura Orgánica en Chile, oportunidad para avanzar hacia una Estrategia Nacional que impulse la agricultura orgánica como parte esencial del futuro agroalimentario del país.

    Referencias

    • www.soilassociation.org/news-events-and-resources/latest-news-and-insight/organic-trade-plan/
    • www.chilealimentos.com/wp-content/uploads/2026/03/soil-association-certification-organic-market-report-2026.pdf
  2. Orgánico como norma

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    Seguimos tratando la agricultura orgánica como un nicho, cuando debería avanzar hacia convertirse en un estándar de nuestro sistema agroalimentario. Mientras se informa con detalle sobre azúcar, grasas, calorías o alérgenos, los consumidores aún saben muy poco sobre los pesticidas utilizados para producir sus alimentos,  bebestibles y particularmente el Vino;  y sus posibles impactos sobre la biodiversidad, los suelos, el agua y la salud. El problema no es el agricultor, sino un sistema que durante décadas ha priorizado la productividad e insumos químicos sin valorar suficientemente sus costos ambientales y sociales. Por eso, necesitamos transparencia, mejores incentivos y políticas que hagan viable una agricultura más sostenible, de modo que los consumidores puedan elegir con información lo que comen y beben; y los productores que cuidan los ecosistemas encuentren mayor apoyo. Lo orgánico no debería ser la excepción que hay que justificar, sino una dirección clara hacia la que orientar nuestro sistema.  La pregunta ya no es si podemos hacerlo, sino porque todavía no lo hemos hecho. 

    Mención a @The Nest Family Office, por el análisis que inspira esta reflexión. 

    https://www.thenestfo.com/journal/organic-as-the-norm-pesticides-on-the-label

  3. Estamos frente a un nuevo paradigma

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    Durante los últimos años, un nuevo concepto ha tomado fuerza en el mundo del cuidado ambiental y la producción de lo que consumimos: la regeneración. Hoy escuchamos hablar de “agricultura regenerativa” como la gran solución para salvar nuestros ecosistemas. Y aunque es un paso en la dirección correcta, hay una verdad incómoda detrás de esta moda que necesitamos conversar.

    Es innegable que esta tendencia ha puesto sobre la mesa cambios muy positivos. Hoy el mundo agrícola está hablando de mantener los suelos cubiertos, intervenir menos la tierra, rotar los cultivos y, muy importante, capturar carbono en el suelo. Estas son prácticas fantásticas que los movimientos orgánicos y biodinámicos vienen promoviendo por décadas, pero enfocarnos únicamente en capturar carbono no es suficiente para salvar la tierra.

    Imagina que intentas curar una herida mientras, al mismo tiempo, le sigues aplicando toxinas. Algo similar ocurre cuando la industria intenta “regenerar” los ecosistemas pero manteniendo las mismas prácticas químicas de los últimos cien años. No basta con cambiar un puñado limitado de técnicas para decir que somos sustentables, porque resulta fundamental hacernos algunas preguntas lógicas. 

    ¿Realmente estamos regenerando los suelos si seguimos aplicando herbicidas tóxicos? ¿De qué manera los organismos genéticamente modificados ayudan a restaurar la flora y fauna nativa? Resulta igualmente válido cuestionarnos cómo el uso de nitrógeno sintético podría revivir y limpiar nuestros ríos y lagos, o si los plaguicidas químicos ayudan verdaderamente a la salud de las comunidades y familias agrícolas que trabajan la tierra.

    La respuesta a todas estas interrogantes es un rotundo no. Ninguna de estas prácticas, mal llamadas “convencionales”, contribuye a sanar nuestro planeta. Por el contrario, la base indiscutida de cualquier intento real por regenerar la naturaleza debe ser la agricultura orgánica, siendo completamente ilógico pensar en ambos conceptos por separado. La verdadera evolución es lo que deberíamos llamar “Agricultura Regenerativa Orgánica”, una versión 2.0 mucho más sustentable y profunda.

    Un ejemplo claro de que este es el camino correcto es la exigente certificación internacional ROC (Regenerative Organic Certified), que establece un requisito intransable: para que un campo sea considerado verdaderamente regenerativo, su base obligatoria debe estar certificada como orgánica. No hay atajos. Como consumidores y amantes de la naturaleza, la próxima vez que escuchemos la palabra “regenerativo”, nuestra mirada debe ser más amplia e integral. Solo erradicando los químicos y partiendo desde el respeto orgánico podremos construir una mejor agricultura, una que devuelva la vida a la tierra y asegure un bienestar real para las personas y el planeta.

  4. No basta con ser orgánicos, tenemos que colaborar

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    Hace una década, el desafío era convencer al mundo de que se podía producir sin químicos. Hoy, esa batalla está ganada en lo técnico, pero nos enfrentamos a una realidad más compleja: ser orgánicos puertas adentro ya no es suficiente. De nada sirve tener un viñedo inmaculado, vibrante y libre de pesticidas si el ecosistema que lo rodea sigue operando bajo lógicas que contaminan y degradan. La sustentabilidad, por definición, no puede ser una isla; o es colectiva, o no es sostenible.

    Es momento de levantar la voz y entender que la agricultura orgánica no es un sello en una botella, sino un proyecto político y social. Necesitamos influir en las conversaciones difíciles, inspirar políticas públicas reales y movilizar a actores que históricamente han estado en veredas opuestas. El objetivo ya no es solo conservar, sino regenerar: suelos, cuencas y comunidades.

    Hemos entendido que nuestro rol trasciende las hectáreas que cultivamos. Durante el último año, decidimos volcar nuestra estrategia hacia la incidencia pública y la colaboración radical. No basta con hacerlo bien nosotros; necesitamos que el estándar país suba. Por eso integramos la Comisión Nacional de Agricultura Orgánica y trabajamos codo a codo con Viñas Orgánicas de Chile, llevando la voz del sector privado a donde se diseñan las reglas del juego.

    Pero la política sin ciencia es ciega, y la práctica sin educación es estéril. Para cerrar esa brecha, hemos tejido alianzas de investigación aplicada con las universidades de Chile, Católica, de Concepción y de O’Higgins. Buscamos datos duros que validen que la regeneración es rentable y escalable. Y en paralelo, sembramos futuro junto a la Fundación Origen y la Escuela Agroecológica de Pirque, porque los agricultores de mañana deben aprender hoy que el suelo es un organismo vivo.

    Esta no es una carrera por quién es “más verde”. Es un llamado a entender que la regeneración es un deporte de equipo. Te invito a dejar de mirar solo tu metro cuadrado y empezar a actuar como un agente de cambio sistémico. El futuro será orgánico solo si lo construimos entre todos.

     

  5. ¿Qué significa realmente que un vino sea “orgánico”? (Más allá de la etiqueta)

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    Seguramente te ha pasado: estás en el supermercado o mirando la carta de un restaurante, ves una botella que lleva la palabra “Orgánico” y te preguntas: ¿es solo una moda de marketing, o realmente hay una diferencia importante detrás?

    Para entenderlo sin enredos técnicos ni palabras difíciles, imagínate esto: la diferencia entre comprar frutas en un huerto natural y comprar alimentos con ingredientes que no se pueden ni pronunciar o ultraprocesados.

    Aquí te contamos, en sencillo, qué hay verdaderamente detrás de una copa de vino orgánico y por qué cada vez más personas lo prefieren.

    Adiós a la “fábrica de uvas”, hola al ecosistema vivo

    En la agricultura tradicional o convencional, un viñedo muchas veces se maneja casi como una fábrica: si aparece una plaga, se aplica un químico de laboratorio; si la tierra se desgasta, se le pone fertilizante sintético.

    El mundo orgánico propone un camino totalmente distinto: trabajar a favor de la naturaleza y no en su contra. En lugar de ver el terreno como una simple superficie de producción, una viña orgánica se entiende como un ecosistema vivo y equilibrado donde las parras conviven con insectos, flores, animales y un suelo lleno de vida.

    ¿Qué cambia exactamente en la tierra?

    Para que un vino sea certificado como orgánico, existen reglas muy estrictas que se deben cumplir desde el campo hasta la bodega:

    • Cero agroquímicos sintéticos: No se utilizan pesticidas, herbicidas ni fertilizantes artificiales.

    • Suelos vivos: El verdadero secreto de un buen vino está bajo tierra. Se busca que el suelo esté repleto de microorganismos y nutrientes naturales que alimenten a la planta de manera sana y pausada.

    • La naturaleza como aliada: ¿Cómo se combaten las plagas sin químicos? Con la misma naturaleza, se usan derivados de plantas o microorganismos y se trabaja con biodiversidad para atraer insectos benéficos que controlan las plagas. En vez de usar herbicidas tóxicos, se integran animales como cerdos, gallinas y ovejas para el control de malezas y fertilizar los viñedos.

    Un viñedo orgánico no busca forzar a la tierra a producir más a toda costa, sino darle las condiciones naturales para que la planta crezca fuerte, sana y resiliente por sí misma. Más allá de ser una opción responsable con el medio ambiente, elegir un vino orgánico transforma tu experiencia como consumidor.

    Al crecer sin químicos artificiales, la uva desarrolla una expresión mucho más fiel del clima y la tierra de donde proviene. 

    Un punto realmente positivo, sabes exactamente qué estás llevando a tu mesa, disfrutando de un producto elaborado con respeto de principio a fin. Así que la próxima vez que veas el sello orgánico en una botella, ya sabes que no es solo una palabra bonita: es el fruto de un viñedo que decidió devolverle la vida a la tierra.

  6. Orgánico vs. Regenerativo: ¿Cuál es la diferencia?

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    Aunque comparten principios, existe una evolución natural entre ambos conceptos. Mientras la agricultura orgánica se centra en eliminar pesticidas y compuestos sintéticos (no hacer daño), la agricultura regenerativa incorpora prácticas orientadas a restaurar activamente la vida del suelo, capturar carbono y aumentar la biodiversidad.

    Para lograr esto, las viñas, implementan acciones concretas en sus campos:

    • Compostaje a gran escala: Reutilizan los residuos orgánicos generados durante la vinificación para crear compost, devolviendo nutrientes vitales al suelo y cerrando el ciclo productivo.

    • Coberteras y flora nativa: Utilizan cultivos de cobertura entre las parras para proteger la tierra de la erosión y mejorar la infiltración del agua. En esta línea, trabajan en alianza con Terófita, un proyecto dedicado a reproducir hierbas y especies nativas para integrarlas directamente en los viñedos.

    • Corredores biológicos: Crean zonas de biodiversidad que favorecen la presencia de insectos y fauna silvestre, los cuales actúan como controladores biológicos naturales de plagas.

    En la vitivinicultura actual, la certificación orgánica es cada vez más vista como el punto de partida, no como la meta final. Abrazar la agricultura regenerativa significa que la industria asume un rol activo en la recuperación de los ecosistemas, con el propósito de devolverle a la naturaleza más de lo que esta entrega. Al final del día, lo orgánico le enseñó al mundo agrícola a no dañar la tierra, pero lo regenerativo otorga las herramientas para sanarla.

  7. ¿Qué es la certificación ROC y por qué es el nivel supremo de la sustentabilidad?

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    Si las certificaciones orgánicas tradicionales son el estándar de oro para asegurar que un producto está libre de químicos, existe un nuevo sello que llevó la vara aún más alto: la certificación ROC (Regenerative Organic Certified o Certificación Orgánica Regenerativa).

    Imagina que la certificación orgánica es la educación escolar y ROC es un doctorado en cuidado ambiental que además vela por el comercio justo. Si ves esta etiqueta en una botella de vino, estás ante un producto que no solo busca “no dañar”, sino que activamente sana el planeta.

    Los tres pilares de la certificación ROC

    Para que una viña o cualquier productor agrícola obtenga el sello ROC, debe cumplir con un requisito de entrada intransable: ya contar con la certificación orgánica tradicional. Una vez superado ese filtro, la auditoría mide tres ejes fundamentales:

    • Salud del suelo y captura de carbono: No basta con no usar químicos; el suelo debe estar vivo. Se exige mantener coberturas vegetales y aumentar la biodiversidad. Así la tierra funciona como un sumidero natural de carbono para combatir el cambio climático.
    • Bienestar animal: Si la viña utiliza animales en sus procesos (ya sea para controlar malezas o para el trabajo de campo), se audita rigurosamente que vivan en libertad, con un trato ético y libre de crueldad.
    • Equidad social y trabajo justo: La naturaleza no se puede sanar a costa de las personas. ROC audita que los trabajadores agrícolas reciban salarios justos, tengan condiciones laborales dignas, seguras y un trato equitativo de principio a fin.

    ¿Por qué es el estándar más exigente del mundo?

    A diferencia de otros sellos, ROC abarca el ecosistema completo: la tierra, los animales y los seres humanos. Es una mirada 360° donde la excelencia agrícola y la ética social van de la mano.

    Con el sello ROC, no solo tienes la garantía de que lo que estás tomando es 100% puro y libre de pesticidas, sino que estás apoyando un modelo agrícola que está restaurando los suelos de la Tierra y garantizando una vida digna para quienes la trabajan.

  8. ¿Qué necesita una viña para ser orgánica? El rigor de las certificaciones

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    Imagina que estás comprando una botella de vino y alguien te dice: “Este vino es súper natural, te prometo que en el campo no usamos ningún químico”. Suena excelente, pero ¿cómo puedes estar 100% seguro de que eso es verdad y no solo una buena estrategia de ventas?

    En el mundo de la agricultura, y especialmente en el del vino, las buenas intenciones no bastan. Para que una botella pueda llevar legalmente la palabra “orgánico” en su etiqueta, la viña debe someterse a uno de los procesos de revisión más estrictos de la industria alimentaria.

    Aquí te explicamos de qué se trata y por qué esos pequeños sellos en tu botella valen su peso en oro.

    Del dicho al hecho: La trazabilidad total

    Ser orgánico no es un eslogan publicitario, es una categoría legalmente protegida. Una viña no puede simplemente decidir de un día para otro imprimir la palabra “orgánico” en sus cajas. Para lograrlo, debe demostrar que desde la raíz de la parra hasta el corcho de la botella, no hubo ningún contacto con pesticidas, herbicidas ni fertilizantes sintéticos.

    A esto se le llama trazabilidad. Significa que debe existir un registro exacto de todo lo que ocurre en el viñedo y en la bodega. Si la viña compra un abono natural, debe haber una factura que lo compruebe. Si mueve uvas de un sector a otro, debe quedar anotado. No hay espacio para la improvisación.

    Para garantizar que nadie haga trampa, las viñas no se evalúan a sí mismas. Deben contratar a agencias certificadoras independientes (como Ecocert o Ceres, por nombrar algunas), que actúan como verdaderos detectives agrícolas.

    Una vez al año, estos auditores visitan los campos y las bodegas para realizar inspecciones exhaustivas. ¿Qué buscan? Revisan los cuadernos de campo y los inventarios de bodega. Toman muestras de uvas para analizarlas en laboratorios y confirmar la ausencia total de moléculas químicas prohibidas. 

    Los pasaportes verdes: Sellos locales e internacionales

    Si la viña aprueba este riguroso examen, obtiene su certificación. En Chile, por ejemplo, este estándar está regulado por la ley a través del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG).

    Pero el vino es un viajero por excelencia. Si esa viña quiere exportar sus botellas a otros países, tiene que cumplir con las leyes de esos destinos y homologar sus procesos. Por eso, en las contraetiquetas de los vinos orgánicos sueles ver varios sellos que funcionan como “pasaportes verdes”:

    • USDA Organic: El sello oficial del Departamento de Agricultura de Estados Unidos. 
    • Euro Hoja: El logo de la hoja verde con estrellas que exige la Unión Europea.

    Cuando tienes una botella con certificación orgánica en tus manos, estás frente a un producto que fue auditado, analizado y comprobado por expertos externos. Ese pequeño sello verde es tu máxima garantía de transparencia, asegurando que lo que estás tomando es tan limpio y honesto como promete ser.