No basta con ser orgánicos, tenemos que colaborar
Hace una década, el desafío era convencer al mundo de que se podía producir sin químicos. Hoy, esa batalla está ganada en lo técnico, pero nos enfrentamos a una realidad más compleja: ser orgánicos puertas adentro ya no es suficiente. De nada sirve tener un viñedo inmaculado, vibrante y libre de pesticidas si el ecosistema que lo rodea sigue operando bajo lógicas que contaminan y degradan. La sustentabilidad, por definición, no puede ser una isla; o es colectiva, o no es sostenible.
Es momento de levantar la voz y entender que la agricultura orgánica no es un sello en una botella, sino un proyecto político y social. Necesitamos influir en las conversaciones difíciles, inspirar políticas públicas reales y movilizar a actores que históricamente han estado en veredas opuestas. El objetivo ya no es solo conservar, sino regenerar: suelos, cuencas y comunidades.
Hemos entendido que nuestro rol trasciende las hectáreas que cultivamos. Durante el último año, decidimos volcar nuestra estrategia hacia la incidencia pública y la colaboración radical. No basta con hacerlo bien nosotros; necesitamos que el estándar país suba. Por eso integramos la Comisión Nacional de Agricultura Orgánica y trabajamos codo a codo con Viñas Orgánicas de Chile, llevando la voz del sector privado a donde se diseñan las reglas del juego.
Pero la política sin ciencia es ciega, y la práctica sin educación es estéril. Para cerrar esa brecha, hemos tejido alianzas de investigación aplicada con las universidades de Chile, Católica, de Concepción y de O’Higgins. Buscamos datos duros que validen que la regeneración es rentable y escalable. Y en paralelo, sembramos futuro junto a la Fundación Origen y la Escuela Agroecológica de Pirque, porque los agricultores de mañana deben aprender hoy que el suelo es un organismo vivo.
Esta no es una carrera por quién es “más verde”. Es un llamado a entender que la regeneración es un deporte de equipo. Te invito a dejar de mirar solo tu metro cuadrado y empezar a actuar como un agente de cambio sistémico. El futuro será orgánico solo si lo construimos entre todos.