September 2026

Estamos frente a un nuevo paradigma

Durante los últimos años, un nuevo concepto ha tomado fuerza en el mundo del cuidado ambiental y la producción de lo que consumimos: la regeneración. Hoy escuchamos hablar de “agricultura regenerativa” como la gran solución para salvar nuestros ecosistemas. Y aunque es un paso en la dirección correcta, hay una verdad incómoda detrás de esta moda que necesitamos conversar.

Es innegable que esta tendencia ha puesto sobre la mesa cambios muy positivos. Hoy el mundo agrícola está hablando de mantener los suelos cubiertos, intervenir menos la tierra, rotar los cultivos y, muy importante, capturar carbono en el suelo. Estas son prácticas fantásticas que los movimientos orgánicos y biodinámicos vienen promoviendo por décadas, pero enfocarnos únicamente en capturar carbono no es suficiente para salvar la tierra.

Imagina que intentas curar una herida mientras, al mismo tiempo, le sigues aplicando toxinas. Algo similar ocurre cuando la industria intenta “regenerar” los ecosistemas pero manteniendo las mismas prácticas químicas de los últimos cien años. No basta con cambiar un puñado limitado de técnicas para decir que somos sustentables, porque resulta fundamental hacernos algunas preguntas lógicas. 

¿Realmente estamos regenerando los suelos si seguimos aplicando herbicidas tóxicos? ¿De qué manera los organismos genéticamente modificados ayudan a restaurar la flora y fauna nativa? Resulta igualmente válido cuestionarnos cómo el uso de nitrógeno sintético podría revivir y limpiar nuestros ríos y lagos, o si los plaguicidas químicos ayudan verdaderamente a la salud de las comunidades y familias agrícolas que trabajan la tierra.

La respuesta a todas estas interrogantes es un rotundo no. Ninguna de estas prácticas, mal llamadas “convencionales”, contribuye a sanar nuestro planeta. Por el contrario, la base indiscutida de cualquier intento real por regenerar la naturaleza debe ser la agricultura orgánica, siendo completamente ilógico pensar en ambos conceptos por separado. La verdadera evolución es lo que deberíamos llamar “Agricultura Regenerativa Orgánica”, una versión 2.0 mucho más sustentable y profunda.

Un ejemplo claro de que este es el camino correcto es la exigente certificación internacional ROC (Regenerative Organic Certified), que establece un requisito intransable: para que un campo sea considerado verdaderamente regenerativo, su base obligatoria debe estar certificada como orgánica. No hay atajos. Como consumidores y amantes de la naturaleza, la próxima vez que escuchemos la palabra “regenerativo”, nuestra mirada debe ser más amplia e integral. Solo erradicando los químicos y partiendo desde el respeto orgánico podremos construir una mejor agricultura, una que devuelva la vida a la tierra y asegure un bienestar real para las personas y el planeta.